Yo en el País de las Maravillas

El viernes pasado, en Lengua, trabajamos en una actividad creativa. En esta, cada uno debia ilustrar con rigurosas descripciones, con las que trabajamos en el segundo trimestre, los distintos paisajes y personajes, probablemente sobrenaturales, con los que cada uno se encontraba en el País de las Maravillas, a lo largo de su recorrido por el mismo. Además, debíamos trabajar con el non-sense (absurdo) con el que Lewis Caroll lidia en su novela. Este es mi cuento:

Pasado un largo y exhausto día, disfruté de un rico guiso de verduras, de esos especiales que hace mi mamá. Un baño relajante de ua calentita y me acurruque en la cama, ya preparada para que mamá comience a leer el cuento de antes de dormir. Me encontraba en el centro de mi cuarto, junto a una ventanita, por la que se observaba, la mayoría del tiempo, un gran jardín, verde y con flores de colores. Pero, en ese momento, podía mirar, únicamente, la oscuridad de la negra noche. Me hallaba perpleja mirando hacia afuera cuando mi mamá entró a la habitación relatando:
– Esta vez vamos a escuchar un cuento peculiar en el que una niña de lacio pelo dorado, con vestido azul y blanco viaja a un mundo fuera de lo normal que afecta su crecimiento…

Yo estaba muy agotada. La luz tenue de mi cuarto tampoco ayudaba a concentrarme en la historia. Mis ojos se cerraban automáticamente. Me resisti a mantenerlos abiertos. Incluso intenté evitar que cayera en el sueño usando mis dedos, con el pulgar y el índice de ambas manos, extendiendo mis párpados hacia afuera. Sin embargo, al entender que habían pasado ya cinco minutos y no sabía que estaba pasando, me rendí.

Me encontraba en un lugar familiar. Yo ya lo conocía pero no reconocía de donde. Este era hermoso, aunque me hacía sentir diminuta. No caminé cuatro pasos y ya había encontrado gigantes hongos. Un millón de flores de diferentes colores pintaban el cuadro con enormes pétalos, unos violetas, otros rosas, otros azules y otros rojos, que sobresalían por una alfombra verde con olor a caramelo. ¨Mmm…. Rico¨, inhalé hondo. Me recordó a los días en los que mi mamá me llevaba a pasear y yo insistía, cada vez que pasabamos por el puesto de caramelos, que me compre uno. Pero eso era cuando era aún más pequeña.
Diversas criaturas casi microscópicas corrían de un lado para el otro, lo que me hacía preguntarme, ¨¿Soy grande o pequeña?¨ Gatos con corbata caminaban con una sonrisa de ojo a ojo. Los conejos salían de sus madrigueras. Unos vestidos con camisa a cuadros y bermudas azules, y otros pocos, supongo los mayores, con traje y un monóculo, se dirigían a un espectáculo. Los peces de la laguna asomados por la orilla aplaudían con sus colas. Las aves rosas de pico largo, que ya habían aterrizado, aplaudían con sus alas. Las parlantes, más pequeñas y coloridas, desde las ramas bajas de los árboles disfrutaban de la demostración. Y los demás animales terrestres sentados en un par de troncos cortados miraban con atención mientras que otros montaban el show.
Me encontraba en un paraíso. Detrás de un arbusto veía esta escena, hasta que decidí ir a sentarme con las criaturas en los troncos. No estaba a una distancia muy larga pero parecía no llegar más al asiento. En el medio el camino me topé con mi muñeca, Mili. Era una niña de peluche. Pelirroja con pelo de lana y ojos de botón. Un vestidito cuadriculado, celeste, naranja y blanco, y unos zapatitos de jean.
– ¿Tienes entrada? – me preguntó.
– No
– Pues no podrás presenciar el evento sin una. Son $5
– Pero eso es demasiado dinero. No tengo tanta plata!

Revise mis prendas para ver si no portaba alguna moneda en mis bolsillos o en mis zapatos, de esos vueltitos que de vez en cuando me quedaba. Entonces, caí en cuenta de que tenía puesto mi pijama; un mono rosado claro con mangas largas y piernas largas que se cerraban cubriendo mis pies como una media. ¨Ay Dios! Mamá me va a matar¨pensaba yo, ya que no me permitía ir al jardín con mi pijama porque se ensuciaba.
– Mili, lo lamento. No tengo con qué pagar la entrada.
– Lo siento pero, por lo tanto, no podrás entrar.

Sín tener un motivo mayor, corrí hacia el árbol más cercano, pero más lejano a el concierto, posible, y rompí en llanto. No tengo muy claro qué era exactamente, pero un momento más tarde una criatura pasó saltando por mi lado. De la cintura, si es que se puede decir así, era parte conejo y para arriba un cachorrito rubio, casi dorado, con esponjosas patitas de gato. Este se detuvo.
– ¿Qué te ocurre? – me preguntó.
– No tengo y no puedo tener una entrada para ver el espectáculo
– Uyy… Que pena. Tal vez lo podrás ver la próxima vez…
– Nose si voy a estar aquí la próxima vez. De hecho no se ni siquiera dónde me encuentro en este momento. Nose como llegar a casa.! – entonces, el llanto empeoró. Se hizo más fuerte. Incluso, mocos viscosos y líquidos comenzaron a molestarme intentando de salir de mi nariz. Mientras, el animal comenzó a hacerme cariños en la espalda para consolarme.
– Pero estas en tu casa, mi amor…

Parpadee y levanté la cabeza. De repente, me encontraba en mi habitación, en mi cama y aún era de noche. Yo estaba llorando. Mi mamá sentada en frente mio, me intentaba consolar con cariños en la espalda. Tenía los pelos tan parados que parecía un león. Tenía los ojos caídos y hablaba con esa voz leve de recién levantada.
Gordita, todo está bien. Estás en tu casa, con papá, mamá y tus hermanitos. – decía para calmarme.
No había ningún animal mixto. No había espectáculo. Mili estaba junto a mí, apoyada en mi cama.
“Todo está bien.”

Por: Anouk de Laferrere

Esta entrada fue publicada en 2AC2017, Actividades, Castellano, Lengua, Literatura, Stories, Tarea y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *